Emo

 Estuve toda la tarde pensando qué le iba a decir. Le dije a Vanesa que iba para lo de mi vieja a buscar unas cosas que me había olvidado. Era cierto... y no tanto.

En el viaje en bondi, luego en tren y luego en el otro bondi, pensaba, pensaba y no podía terminar de armar ninguna disculpa. Siempre me pasaba lo mismo. Pasé por una librería y compré papel de regalo y cinta scotch. Llegué a lo de mi vieja; me atendió Valentina.

—¿Qué hacés acá?

—Vine a buscar un par de cosas de mi cuarto.

—Ok, a ver cuándo vas despejando ese lugar, si no lo voy a usar de depósito.

—Tenés toda la casa para usar como depósito, no jodas.

Fui corriendo hasta el cuarto y empecé a buscar... encontré uno, seguí, revolví un poco más y encontré el otro... faltaba el tercero. Ahí estaba. De reojo encontré dos más, de yapa...

Junté todo y lo apilé en un orden específico. Como pude, con mis manos torpes, improvisé un regalo.

En realidad era un regalo de disculpas.


Había tenido una mañana difícil, bastante difícil. Me habían cagado a pedos, llegué tarde al laburo, todo me salió mal, terriblemente mal. Arreglé con D* ir a almorzar cerca de la facultad donde ella estudiaba Derecho. El lugar donde trabajaba quedaba a diez cuadras, pero no me molestaba caminarlas.

Estaba bastante molesto, ofuscado. La vi; estaba esperándome hacía rato, con cara de culo. Le pedí disculpas y medio que me apuró. Me dijo que tenía que entrar a cursar en media hora, así que no tenía mucho tiempo.

Charlamos un poco; en realidad fue una conversación monosilábica. Era la primera vez que la veía con un look medio "emo" y la empecé a boludear, pero ella no levantaba el guante. La ataqué nuevamente para ver si reaccionaba y no pasó nada; simplemente aumentaba su cara de culo. A veces me gustaba hacerla enojar, pero no ponerla mal. Quizás me pasé de la raya, quizás fui un poco cruel, porque sentí su odio.

Comió a los pedos, no dijo mucho más y se fue, no sin antes decirme:

—No sos el único que está teniendo un mal día, y vos lo empeoraste. Encima me trataste de boluda por ser "emo". Justamente vos, que a veces sos un payaso, nunca te dije cosas horribles.

Y se fue sin darme derecho a réplica. No tenía lágrimas, solo enojo...

Pagué y me volví a la oficina, caminando despacio.

Sali de la oficina tipo seis de la tarde... pero no fui para casa.


Tenía un pequeño paquete en mis manos. Salí de la casa de mi vieja y caminé esos escasos cien metros hasta la casa de D*. Toqué timbre y esperé a que me atendiera.

Esta vez me atendió Carlos. Me dejó pasar. Pregunté por ella; me dijo que estaba arriba. Pregunté si podía subir. Le pegó un grito y se asomó. Me vio y puso cara de culo, la misma que tenía esa mañana.

Subí las escaleras. Estaba un poco nervioso, debo reconocerlo. Tenía mi paquete en las manos y le dije algo así:

—Quería pedirte disculpas por cómo me porté hoy. Estuve mal, bastante mal. No tenía por qué tratarte así. Y menos por algo que a vos te gusta, ya sea por estética, música, ideas o lo que fuere. Tenés razón en que muchas veces fui un payaso, o un salame, o como quieras decirme.

Terminé diciendo:

—No soy quién para juzgar a nadie por lo que escucha, o cómo se viste, o cómo piensa, o qué cree...

—¿Puedo?

Y le señalé la silla. Me senté frente a ella, que estaba sentada en su cama.

—Sí.

D* solo me miró y vio el paquete mal envuelto.

—¿Qué es eso?

—Esto es un regalo en son de paz.

—Si esa música te empezó a gustar, hay cosas que quizás tengas que conocer.

Le di el paquete y lo abrió.

Eran cinco discos.

...proseguí.

—Antes de que el emo explotara a mediados de los 2000, existieron estas bandas, que son los padres de lo que hoy conocés y de sus diferentes evoluciones...

—El primer disco que tenés en la mano es de Embrace, que junto con el tercer disco, Dag Nasty - Four on the Floor, son el comienzo. Sin ellos, definitivamente el emo no hubiese existido.

D* miró los discos. La tapa del de Embrace le pareció medio fea; no así la de Four on the Floor.

Leyó los temas.

—Son dos discazos, con unas letras increíbles y un sonido que te conmueve. Ojo, Embrace es un poco más cuadrado y muy probablemente no te guste.

Cuando D* pasó al tercer disco, le conté:

—Ese es un EP de Texas Is the Reason. Creo que es uno de mis discos favoritos. Solo tiene cuatro canciones, pero te lleva de un estado a otro en pocos minutos.

Lo miró con atención. Sacó el CD y lo observó.

—El cuarto es de una banda llamada Jets to Brazil. Escuchalo solo cuando quieras estar tranquila. Tiene poca distorsión, pero te da esa sensación de que todo es un triste invierno, hasta un 25 de diciembre.

Me reí un poco.

Ella volvió a mirar los discos uno por uno.

—El último es de The Promise Ring, Nothing Feels Good. Tiene un sonido muy noventoso, pero sé que algo bueno vas a sacar. Además, la estética de esta banda y de sus discos siempre me gustó. Esta era la música que yo conocía y escuchaba cuando iba al secundario y en mis primeros años de facultad. Dales una oportunidad.

Me dio las gracias, y le cambió un poco el tono de la voz al decirlo. volvia a ser la misma de siempre.

—De nada, flaquita. ¿Me querés contar qué te pasó?

—Nada.

—Bah, sí... Un par de giles habían bardeado en el tren y no supe qué hacer o qué decirles. Después me cagó una paloma. Además, no me fue bien en un parcial, así que tengo que recuperar y, para variar, el almuerzo fue una mierda.

Bajé la vista.

—Perdón.

—Está bien. Procurá no volver a ser un sorete.

—Hecho.

Y le sonreí.

En ese momento me sonó el celular. Era Vanesa, preguntando dónde estaba.

—En Lanús.

Miré la pared... mientras Vanesa seguía preguntando.

—En un rato salgo para allá.

Más preguntas...

—Visitando a D*.

Ahí se le notó el tono de irritación del otro lado del teléfono.

—Fui grosero con ella y le traje un par de cosas que...

La miré a D* mientras tapaba el mic. Se venía otra pelea con mi novia.

—Disfrutá de esto, escuchalos tranquila y acordate de que los inviernos pasan y los árboles siguen de pie... (Soné medio boludo, pero no sabía qué más decirle).

Bajé las escaleras mientras Vanesa me seguía hablando. Saludé a los padres y me fui, mientras mi novia daba un discurso de no sé qué mierda...

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