Emo
Estuve toda la tarde pensando qué le iba a decir. Le dije a Vanesa que iba para lo de mi vieja a buscar unas cosas que me había olvidado. Era cierto... y no tanto. En el viaje en bondi, luego en tren y luego en el otro bondi, pensaba, pensaba y no podía terminar de armar ninguna disculpa. Siempre me pasaba lo mismo. Pasé por una librería y compré papel de regalo y cinta scotch. Llegué a lo de mi vieja; me atendió Valentina. —¿Qué hacés acá? —Vine a buscar un par de cosas de mi cuarto. —Ok, a ver cuándo vas despejando ese lugar, si no lo voy a usar de depósito. —Tenés toda la casa para usar como depósito, no jodas. Fui corriendo hasta el cuarto y empecé a buscar... encontré uno, seguí, revolví un poco más y encontré el otro... faltaba el tercero. Ahí estaba. De reojo encontré dos más, de yapa... Junté todo y lo apilé en un orden específico. Como pude, con mis manos torpes, improvisé un regalo. En realidad era un regalo de disculpas.