Nuevos Discos

Valentina me había dado un ultimátum (como tantos que me había dado).

—Necesito que vacíes tu habitación. Hace cuatro años que no vivís acá y, con la llegada de Analía, voy a necesitar un cuarto más...

Analía era la segunda hija de mi hermana que estaba en camino. Y como no se puede discutir con una persona que está sintetizando un ser humano, accedí sin cuestionárselo mucho.

—¿Cuánto tiempo tengo?

—Poco...

—Bueh.

Convengamos que no tenía tantas cosas en el cuarto. Me había llevado casi toda mi ropa, unos cuantos discos, mis cámaras de fotos, un manojo de libros y no mucho más. Hacía dos años que estaba conviviendo con Vanesa y, por ahora, las cosas iban bastante bien. Aunque el dos ambientes que alquilábamos no era muy grande, era lo que podíamos pagar, porque además del alquiler, el resto de la plata se nos iba en ahorrar para un crédito hipotecario. El sueño de la casa propia.

Pero tenía un problema... El grueso de mis discos seguía en mi casa. Toda la discografía (o casi) de los Ramones, Screeching Weasel, 7 Seconds, Attaque 77, Motörhead, Bad Religion, DHC, Sumo, Descendents, Iron Maiden, Cadena Perpetua, NOFX, Hermética, todo lo que sacaba Lookout! y Fat Records,Lifetime, V8, los Kennedys, Radiohead, los primeros discos de Blink, Social Distortion, Metallica, Fun People, Misfits,Massacre, Suicidal Tendencies, Blur, Divididos, Green Day, Rancid. Todos los discos pirata que había ido recolectando en más de dieciséis años seguían en mi habitación: vinilos, EP, singles de 7 pulgadas, CD, casetes. Sin contar los fanzines que había conseguido en mi adolescencia, VHS y DVD de recitales.

Ahí seguía casi toda mi vida. Los discos comprados con mucho esfuerzo, los que había buscado durante meses e inclusive años, los VHS grabados de madrugada, los fanzines fotocopiados que todavía olían a tinta. Todo seguía en esa habitación. Cosas que me había comprado con mis ahorros adolescentes, haciendo changas o con mis primeros sueldos en blanco.

Cualquier ser humano maduro y superado podría haberle dicho a su hermana que lo vendiera o lo tirara a la calle. A ella no le gustaba nada de lo que escuchaba, salvo Sumo y algún que otro tema de Attaque. Sus gustos pasaban por Los Redondos y el Indio, y fin. Fui a ver a Los Redondos con ella, pero no eran para mí.

Lucas, mi hermano menor, también era muy distinto. Más allá de que siempre quise pasarle lo que a mí me gustaba (como lo había hecho Valentina conmigo), mucha bola no me dio y se fue para el lado de la cumbia. Quizás nuestro punto en común eran Los Auténticos Decadentes, aunque de más grande empecé a entender su música y me causaba simpatía, por decirlo de alguna manera.

Si le hubiese pasado todo lo que tenía a él, seguramente lo habría vendido para comprar drogas a algún fisura. Además, ya no vivía en casa desde hacía un poco más de un año, una vez que se recibió de chef empezó a viajar por todos lados.

Mis amigos, que eran pocos, seguramente pasarían por casa para rapiñar todo lo que había logrado conseguir y ni gracias me dirían. Este es el problema de tener síndrome de Diógenes, la puta madre...

—Hola, Betty. ¿Está D*?

—Sí, esperá que la llamo. ¿Cómo está usted?

—Bien, acá laburando mucho. Me vine para lo de mi vieja a ordenar un par de cosas. ¿Usted cómo anda?

—ah, mejor ni te cuento.

—Jajaja.

—Ahí te paso...

Se escuchó que D* preguntaba quién era, y Betty le respondió.

—N*, qué sorpresa.

—Todo bien. ¿Vos?

—Acá ando.

Silencio.

—Che... te llamaba por una cosa medio rara. Bah, no es rara. Es más bien un pedido...

—Ah, ¿qué pasó?

Ella siempre directa.

—Mi hermana necesita vaciar la habitación que tenía y me dijo que, si no sacaba mis cosas, las tiraba a la mierda. Mis cosas significa toda la música y a la mierda significa a la mierda...

—...Oook.

—Bien, es un montón de cosas que tengo y, honestamente, no sé a quién dárselas. Así que pensé en vos, porque al menos sé que algunas cosas de las que tengo te pueden gustar o, si querés, las podés regalar, vender, tirar o hacer lo que sea. Pero, en primera instancia, quería dárselas a alguien que al menos pudiera darles un uso.

— ...o seas que me vas a dar toda tu basura.

— Que forra, sino lo tengo que llevar al ejercito de salvacion. ¿Te interesa?

—¡Sí, chabón, obvio, te estaba cargando!

—¡Buenísimo! Son como cuatro cajas de cartón de mudanza.

—¿Tengo que ir a buscarlas?

—No, ni a palos. Pesan una bocha y, con tus bracitos de fideo, no vas a poder.

—Qué forro.

—Te estoy cargando.

—¿Y cómo hacemos?

—Tranqui. Vos hacé lugar en tu cuarto o donde quieras, que yo mañana paso por tu casa y te las llevo una por una. Mirá que tengo desde discos y CD, pasando por fanzines, revistas y videos. Cuando te digo todo, es TODO.

—Uh, bueno. Veo de hacer lugar.

—Igual, si hay algo que no te interesa o no te sirve, lo tirás, lo vendés o lo regalás. A mí me cuesta un huevo deshacerme de todo esto. Solo me quedé con muy pocos discos. Además, todo lo tengo en MP3, en DVD vírgenes o en pendrives.

—Bueno, entonces te espero mañana. ¿A qué hora?

—Y... ponele tipo siete, ¿te parece?

—Dale.

—Chau.

—Chau.

A las siete y un poquito del otro día aparecí con la primera caja. Después llegaron las demás. Todas estaban explotadas. En un costado decía "Discos". Al rato aparecí con otra caja que decía "Discos y videos". Otra decía "Discos y revistas", y finalmente una caja mucho mas chica que las demás que decia "Misc". 

Las subí hasta la habitación de ella, una por una. Eran pesadas y  las fui dejando una al lado de la otra. D* solo me miraba como iba y venia...

Discos.

Discos y videos.

Discos y revistas.

"Misc"

Miré las cajas durante unos segundos. Me había llevado años llenarlas. Tardé menos de una hora en sacarlas de mi casa. Al menos sabía que iban a terminar en buenas manos.

Le agradecí por haberse quedado con todas mis cosas y le dije que, si en algún momento no las quería más, me avisara y vería cómo sacarlas o encontrarles otro destino. Y me fui como vine.

En ese momento, D* tenía veintiún años, así que era una esponja de música y estaba ávida de escuchar cosas nuevas, viejas, distintas, aunque quizás siempre dentro de una línea similar.

Empezó a abrir las cajas. Viendo los discos, había joyas, como también había basura o cosas menos relevantes. VHS de recitales; incluso estaba el recital de despedida de Ramones en River, en marzo del 96, que Lucas le había grabado a N* mientras él estaba ahí, con quince años, viendo a su banda favorita por última vez.

Fanzines como Hazlo Tú Mismo, BsAs Desorden, Marcelo, Tiempo de Cambio, Hecho a Mano, Civilización Violenta o Remolinos. Cosas del siglo pasado.

A D* mucho no le interesaba eso, así que quizás iba a ser lo primero en descartar.

Le llamó la atención que entre las revistas encontró una Hustler vieja del '95. Le causó gracia encontrarla, la hojeó por un rato y siguió examinando el resto de las cajas.

Hasta que llegó a la última caja que decia "Misc", donde había cosas random, un parche de los Aquabats, stickers, algunas entradas de recitales viejos, fotos de recitales que había sacado, 2 libros, High Fidelity, de Nick Hornby y La Patagonia Rebelde de Osvaldo Bayer, una figura de acción de un Storm Trooper y un robot a cuerda que movía los brazos, pero arriba de todo había un sobre con su nombre.

"D*:

Gracias por quedarte con todo esto.

Ojalá encuentres algo que te guste.

Las fotos son para vos.

Cuidate.

N*"

En el sobre había dos fotos en blanco y negro. Una era de ella con Aldana, apoyados en la pared de su casa. La otra era un retrato suyo, mirando directamente a la cámara.

Cuando pudo ordear algo de todo lo que habia recibido, D* volvió a mirar las fotos. Había visto miles de veces a N*. Pero no recordaba haber visto nunca esas imágenes. Eran de otra época. De cuando todavía parecían personas simples.


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