Monsters
El bondi estaba casi vacío. Éramos nosotros siete y un par de personas más. Era tarde y todavía teníamos un viaje largo hasta Lanús.
Me senté al lado de D* y le pregunté:
—¿Creés en los monstruos?
Ella no me respondió. Se quedó mirando mi mano, todavía lastimada, con la sangre ya seca.
La guardé en el bolsillo y recién ahí volvió en sí.
—¿Qué?
—Te pregunté si creés en los monstruos.
Parecía tener la cabeza en otro lado. No sé... Después de pensar un rato, me dijo:
—Sí... creo que sí.
—¿Cómo serías si fueses un monstruo?
—Creo que sería como Godzilla. Gigante, destruyendo todo a su paso, tirando rayos, no dejando nada en pie.
—Buena elección.
—O como ese capítulo de Evangelion... Creo que es de los primeros, donde al EVA-01 lo están haciendo mierda y, de la nada, se recupera, ataca al ángel, lo destroza y, después de matarlo, se lo come. Me acuerdo de esa imagen del EVA-01 convertido en un monstruo, mirando para todos lados mientras devora a su enemigo. Esa quiero ser yo.
—Como Saturno comiéndose a sus hijos.
—Claro, como el cuadro. Me acuerdo de que lo vimos en Historia del Arte.
—Me gustaría verlo en persona. Debe ser imponente.
—Posta... ¿Y vos?
—A veces pienso que sería como un monstruo pequeño... como un virus.
—Un virus no es un monstruo. No seas forro, N*.
—Bueno, bueno... Quizás como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde. En algún momento ya no sabés si sos la parte buena o la parte mala. Lo único que no me gusta es el final, cuando se da cuenta de todo lo que hizo y se mata.
—Es un final triste, porque también muere la parte buena.
—Creo que tu versión de un monstruo es mucho más interesante, D*.
—¿Por?
—Porque, si vas a hacer un monstruo, ...por lo menos el tuyo siempre fue un monstruo. El mío necesita una formula de laboratorio para existir, triste, triste
Se rió.
—¿Soy un monstruo?
—Hoy, un poco sí.
—Como Hulk... ¿Un monstruo cuando estoy enojado?
—Entonces... ¿solo estabas enojado?
—Sigo enojado.
—¿Por qué?
Me quedé mirando para otro lado. Sentía que D* me estaba mirando. Sabía la respuesta, pero quería que se la dijera.
—Desde que mi viejo no está, estoy todo el tiempo enojado.
Se quedó callada unos segundos.
—Te va a hacer mal estar todo el tiempo así.
—Sí, ya sé...
—Tenés que buscar la forma de transformar eso que tenés en algo positivo.
—¿Como qué?
—Mmm... qué sé yo...
—Ahora hacete cargo. Tiraste la de psicóloga, seguí.
Se rió.
—Qué gil... Salí más, andá a sacar fotos... no sé...
Hizo una pausa.
—Conseguite una novia.
Hice una mueca.
—Sí... una novia. Una novia para un monstruo.
—Claro. Una mostra.
Los dos nos reímos.
—Creo que es momento de que haga terapia... o me vuelque a la bebida.
—Sos un novelero, N*.
Estuvimos un buen rato en silencio. Cuando cruzamos el Riachuelo, me preguntó:
—¿A vos te convenía venir en este bondi?
—No.
—¿Y entonces por qué estás acá?
—Me comprometí a llevarlos y traerlos.
—No tenemos diez años.
—No... ¿y?
—Podemos viajar solos.
—Sí, pero bueno... un compromiso es un compromiso.
Hice una pausa.
—Y tampoco quiero ver a tu viejo convertido en un monstruo por algo que les pueda llegar a pasar a ustedes.
Vos, si querés, dormí. Te aviso cuando estemos por bajar.
—¿No tenés sueño?
—Me cuesta dormir en el bondi.
Hice una pausa.
—Bah... estoy durmiendo mal últimamente.
Me quedé dormido.
Me despertó uno de nuestros amigos avisándome que ya nos bajábamos.
—Menos mal que no dormías en el bondi. Hasta roncaste y todo...
Bajé medio dormido del colectivo y caminamos hasta nuestra cuadra. Los demás ya se habían ido. Habíamos quedado Lucas, Aldana, D* y yo.
Lucas me dijo:
—La próxima, N*, conseguite un auto. Así no tenemos que peregrinar tanto.
—Sí, seguro...
D* sonrió.
—Primero conseguite una novia.
—Lo que salga más barato.
Todos nos reímos.
D* y Aldana entraron a su casa. Yo le dije a Lucas que me volvía para Barracas.
Me preguntó si no quería quedarme a dormir en su cuarto.
—Si movemos un par de cajas, todavía queda despejada la cama.
Le dije que no. Prefería llegar a casa y tirarme. Al otro día tenía cosas que hacer.
En realidad tenía mi primera cita con Vanesa.