Puñalada

 - Ojo con lo que vas a hacer.

- ¿Qué cosa?

- No te hagás el boludo.

- Si le llegás a tocar un pelo, con este cuchillo...

Me muestra el cuchillo, blandiéndolo. El mismo que estaba usando para cortar las verduras.

- ...te abro la panza, te saco los intestinos y te estrangulo con tus mismas tripas. ¿Me escuchaste?

- Todavía no sé a qué viene esa amenaza.

Se hizo una pausa. Valentina me miraba a los ojos sin pestañear.

- Te vi hablando con D*. No te hagás el tarado. Pensá bien lo que vas a hacer.

- ¿Y?

- Y cuidate. No te pases de listo con ella. Ya estás grande para hacerte el pija.

- No me interesa en ese sentido. Le hablo porque siempre le hablé.

- Sí, pero cómo la mirabas...

Valentina respiró hondo.

- Como un pajero

- Estoy saliendo con alguien. Además, es mucho más chica que yo

- Dejá de hacerte el boludo. La llegás a tocar y te hago mierda.

- Ok, ¿pero le puedo hablar? Al fin y al cabo es nuestra vecina y es mi amiga...

- Amigos son los huevos y si queres tambien te los corto con este...

Bajó la vista hacia el cuchillo.

No dijo nada más.


Más allá de alguna cachetada, una patada, una piña o algún ojotazo perdido, Valentina nunca me había lastimado de verdad. No le hacía falta. Era mi hermana mayor, unos centímetros más alta que yo, con mucha más espalda. Parecía una amazona lista para aplastar al primer gil que se le cruzara. Y encima era psicóloga. Discutir con ella era entrar a una pelea que siempre empezabas perdiendo.

Sus amenazas nunca sonaban vacías.

Entradas populares de este blog

Un dia mas

Nuevos Discos

Emo